Veinticuatro años después de que el gol de Papa Bouba Diop hundiera a los campeones defensores en Seúl, Senegal tiene la oportunidad de perseguir a Francia en el escenario más importante una vez más.Aquella derrota por 1-0 en el primer partido de la Copa del Mundo de 2002 sigue siendo una de las grandes sorpresas del torneo, y aunque desde entonces Francia ha levantado el trofeo dos veces y perdió otra final en penales, la cicatriz de esa tarde todavía perdura en la conciencia del fútbol francés.El equipo de Didier Deschamps llega con su habitual profundidad (posiblemente el grupo más rico en talento del fútbol internacional), pero también con el peso de las expectativas que alternativamente los ha alimentado y asfixiado a lo largo de tres grandes finales consecutivas.Mbappé, siempre que esté en forma, sigue siendo el arma de transición más devastadora del planeta, mientras que el surgimiento de Aurélien Tchouaméni y la continua excelencia de Antoine Griezmann le dan a Francia una columna vertebral en el mediocampo que pocos pueden igualar.

Senegal, sin embargo, ya no es el encantador recién llegado de 2002. Aliou Cissé ha construido algo realmente formidable: campeones africanos en 2022, cuartofinalistas en Qatar, donde Inglaterra apenas sobrevivió, y ahora un equipo que combina ferocidad física con genuina calidad técnica.La fascinación táctica radica en si Francia impondrá la posesión o se mantendrá en su devastador contraataque contra un equipo senegalés que disfruta el balón pero que posiblemente sea más peligroso cuando se le da espacio para correr. Ambos equipos quieren momentos de transición. Sólo uno los tendrá más a menudo.

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